Pues ahí estabamos. Habíamos esperado unas cuantas horas hasta que llegó a La Alameda. La cara de la gente que estábamos ahí era de alivio, de alegría de tranquilidad, familias con niños, hombres, mujeres, jóvenes, todos para celebrar algo. Los primeros contingentes fueron llegando.
Solo hacemos valer nuestra libertad de expresión, quizás no fue la marcha más organizada de todos los años, pero estábamos ahí, caminaban haciendose ver, haciendose notar "no somos uno no somos cien..." consignas en contra del Gobierno y contra la derecha.
Sólo un partido político se hizo notar. Marchaban ahí frente a todos nosotros con los rostros cansados y sonrisas, "únete banquetera", aplausos, música, baile, disfraces, mujeres tomadas de la mano, hombres tomados de la mano, esa pareja, él como de unos 50 años, el otro como de unos 30 en sus playeras la cara del otro, abrazados, la leyenda en sus playeras decía "lo amo"; esa otra pareja parte del grupo familias diversas, una más guapa que la otra, ambas vestidas de morado en medio de ellas y uniéndolas tomadas de la mano su hijo, también con playera morada.
Dominamos la calle, la calle era de los colores del arcoiris, revueltos y perdiendo a nuestros amigos de paso a paso caminabamos con paso firme en medio de la calle.
Al llegar al Zócalo los grupos católicos hicieron su aparición repartiendo revistas de contenido católico y con sus mantas diciendo que estábamos equivocados. Nadie los miraba.
Las nubes cubrían el cielo y cayó el diluvio, cientos se quedaron en la plancha, mojándose, nosotros entramos en el techo del palacio de Gobierno del DF, luego de unos 40 minutos de estar atrapadas entre la gente salimos, tratamos de irnos en metro pero estaba lleno de gente, rodeamos la plancha inundada, unos cuantos se echaban a una alberca artificial creada por el aguacero, otros que andaban vestidas de hadas, y demás personajes con alas, desnudos temblaban de todo su cuerpo, caminamos de nuevo a Madero, una bandera gigante cubriendo a muchísimos chavos y chavas venían caminando con el arcoiris sobre ellos, completamente empapados, aun así sonreían, caminaban hasta llegar a la plancha. Luego corriendo dieron una auténtica vuelta olímpica alrededor de ella, ni ese diluvio los venció.
Las nubes se alejaron lentamente dejando que los rayos del sol se asomaran uno a uno, el arcoiris cubrió el cielo y la fiesta siguió toda la noche.
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