En 10 años la ciudad y yo hemos cambiado mucho, hemos crecido, quizás en unas cosas para bien y otras para mal, pero sin duda hemos aprendido de lo vivido.
El primero y más evidente de la ciudad es que ahora se llama Ciudad de México, no es más Distrito Federal, es un estado más de la República, sus delegaciones son parte del pasado y las alcaldías y alcaldes son lo de hoy. Habemos más habitantes en bici, también hay más contaminación, cada año las contingencias invaden en épocas de calor. Las zonas turísticas a mi parecer lucen más bonitas, casi todas, pero ya volvemos a escuchar lo de hace 20 años, asaltos, balaceras por aquí y por allá.
¿Yo? Comencé a trabajar en gobierno, ese del que en unos post anteriores me quejaba, ¿cómo lo interpreto? un poco de madurez, mis amigos y familia tendrán sus propias versiones de esto. Nunca he dejado de darlo todo en el trabajo, las trincheras son siempre variables, lo que sé ahora es que conocer otras perspectivas no hace más que enriquecer tu panorama, ni izquierda, ni derecha, ni centro, simplemente conocer sus puntos de vista, sus ángulos, lo tomo así: amplié mi espectro de visión.
Me he separado, me han roto el corazón, he viajado. Conozco todos los estados del país (no a detalle, pero ya vamos por menos), vivo sola en una colonia que cada día me deja palmadas en el corazón por una u otra razón.
10 años de crecer junto a la ciudad, de intentar formar el rompecabezas de una vida en una ciudad, una aguja en un pajar, que cada día sigue formando y construyendo. Quizás creí que a mis 33 algún día tendría la vida resuelta, resulta que no, que me sigo formando y construyendo, que ahora mismo no tengo rumbo fijo, a decir verdad no tengo ni rumbo, mucho menos fijo, pero soy feliz.
Sigan leyendo futuras entradas porque haré un personajito de ficción que quizás le de vida y jugo a este blog. Saludos y mucha felicidad para quien lea.
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