El único ¡Viva México! Que escuché este 15 de septiembre fue
el de los niños de mi cuadra que gritaban emocionados y corriendo por la calle.
Las calles vacías pero con algunos hogares con luces
encendidas y reuniones familiares y de amigos para ofrecer esa cena que ‘celebra’
a México.
Hoy el orgullo nacionalista que sienten algunos, no lo
sienten el resto de los días del año, pero hoy se ponen la camiseta y no es por
que juegue la Selección de Futbol.
Yo miro a un México desangelado, si, las calles olían a pólvora
y los cielos, como cada año, se pintan de colores tricolor, y algunos otros, es
noche de fiesta, mañana quien sabe.
Mientras en algunas partes del país los ‘gritos de
Independencia’ se cancelaron por los huracanes y tormentas tropicales que
destruyeron estructuras y sueños de unos; otros festejan como si reformas, mal
gobierno, corrupción, pobreza y hambre no existieran en el país.
Yo no hago mucho, antes, era de mis fechas preferidas y
celebraba y me alegraba como pocos, hoy me guardo temprano, salgo a mirar al
balcón los fuegos artificiales que a pocos kilómetros se queman en delegaciones y el zócalo de la ciudad, ya no es noche de fiesta para mí. México
me duele, pero la verdad no se como curarlo.
Como muchos otros, que quizás piensen como yo, me veo
envuelta en la vida cotidiana sin saber qué hacer por mi país, se que necesita
curas, remiendos y guerreros, pero no se como actuar, por
donde empezar.
Quisiera que mi México despertara del letargo, que ahora
comiera pozole, bebiera tequila y mañana despertara con cambios que nos
llevaran a un bienestar de masas, no de algunos pocos. ¿Cómo hacerlo?, si
alguien tiene la respuesta, yo lo escucho, tiene mi atención, por que esta
noche, no puedo decir ¡Viva México!
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